"A pesar de que todo el mundo habla del burka, en el fondo en Francia no hay prácticamente ninguna mujer que lo lleve. Lo que estas aproximadamente mil musulmanas se ponen es el niqab, un vestido negro, amplio, con un velo que les cubre el rostro hasta los ojos, propia de comunidades salafistas, esto es, pertenecientes a un movimiento que pretende retrotraer al islam a sus primeros tiempos y preceptos...
Para el presidente del Consejo Francés del Culto Musulmán no se conseguirá que esas mujeres renuncien por la fuerza, sino a través de la educación y el convencimiento. "Hay que recordar que el Corán no habla nunca del niqab ni del burka. Es más: en la peregrinación a La Meca, está terminantemente prohibido que la mujer se cubra el rostro"...
Ni putas ni sumisas:
La polémica se avivó aún más. La feminista Fadela Amara, una de las cabecillas del movimiento Ni Putas Ni Sumisas y actualmente secretaria de Estado de la Villa, encargada, sobre todo, de la población marginal inmigrante, se alineó con claridad en el bando de los que abogaban por una prohibición. En una entrevista a Le Parisien explicaba por qué: "Me encanta que la iniciativa trascienda los límites de los partidos políticos, que exista un consenso sobre la libertad y la igualdad de las mujeres, dos valores sobre los que no se puede negociar. El debate actual debe desembocar en una ley que proteja a las mujeres". Para Amara, esta vestimenta está creciendo en determinadas poblaciones y eso es un signo de que el fundamentalismo se ha asentado en suelo francés. Para esta activista, las mujeres que llevan el niqab no pertenecen a una clase social determinada, ni su uso está relacionado directamente con la pobreza, sino con su marido. "Nunca son mujeres solteras. La exigencia del burka es tal vez un fantasma sexual masculino".
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