He cambiado de IES, lo había pedido. Me costaba aceptar mi impotencia/incompetencia para atender a un alumnado, en su mayoría de etnia gitana y con una total desmotivación hacia lo que la escuela pudiese aportarles. Una linea no demasiado clara ni coherente hacía que, ell@s, se impusiesen en ámbitos no académicos pero que te dejaban sin recursos para inculcar cualquier tipo de norma de convivencia, comían cuando querían, hablaban en todo momento, dejaban de trabajar cuando les parecía, eramos pay@s, y parece ser, estamos todos loc@s.
Todos se creían Camarón, y lamentablemente, genios surgen muy pocos. En el flamenco y en cualquier ámbito. Las clases convencionales se les quedaban grandes, muchas veces imponían su no hacer nada, su ponerse a cantar y dar palmas, no aceptar para nada todo aquello que la escuela pudiese inculcarles. Difícil situación, las mil y una estrategias que se intentaban chocaban con un absentismo intermitente. Hoy venían un@s, al otro, otr@s. Imposibilidad de llevar a cabo una programación mínima, la adaptación era de minuto a minuto, de segundo a segundo. La iglesia protestante que ha calado hondo, de un fundamentalismo y creacionismo total, impedía y dificultaba, todavía más, todo avance, al menos en mi instituto.
Demasiado para mí.
A veces, por mucho empeño y trabajo que pongamos, es muy difícil luchar contra las circunstancias. En el caso que cuentas es una tarea que ve mucho más allá de las aulas y que se me antoja bastante ardua.
ResponderEliminarQue te vaya bien en tu nueva etapa.
Saludos.