Leo las interesantes declaraciones de Sebastian Marroquín sobre la atracción fatal entre la clase política de algunos(muchos,demasiados) países. Méjico es un caso extremo y, aunque sin relación, en la otra cara de la moneda, incautación de alijos, una noticia también me llama la atención:
Pero ¿por qué los jueces demoran la destrucción de los fardos durante meses, incluso años, pese a la insistencia policial? "A veces es tan sencillo como que estamos hasta arriba y nunca le echamos cuenta a esas peticiones", admite un magistrado. Tras los análisis para la pureza de la droga, hay que escuchar a las partes y el secretario debe examinar los alijos y autorizar la destrucción. "Estás en la efervescencia del caso escuchando pinchazos, y el escrito para la destrucción se queda traspapelado", añade una fiscal.
Estamos hasta arriba...
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