Freud:
CARTA DE FREUD:
Señor Doctor, No puedo hacer lo que usted desea. La reticencia de mi personalidad a interesar al público es inmodificable y las circunstancias críticas actuales no me parecen las más adecuadas para un cambio de actitud. Quien quiera influenciar al gran público debe tener algo muy sorprendente y entusiasta para decir y mi juicio sobre el sionismo de ninguna manera lo permite. Tengo los mejores sentimientos de simpatía por los esfuerzos libremente consentidos, soy fiador de nuestra universidad de Jerusalem y me alegro de la prosperidad del establecimiento de nuestros colonos. Pero, por otra parte, yo no creo que Palestina pueda jamás devenir un Estado judío ni que el mundo cristiano como el mundo islámico, puedan un día
estar dispuestos a confiar sus lugares santos a que los guarden los judíos. Me parece que hubiera sido mas atinado fundar una patria judía sobre un territorio históricamente no cargado, pero ciertamente, sé que por un designo tan racional, jamás se podría suscitar la exaltación de las masas y la cooperación de las personas ricas. Concedo también y lamento que el fanatismo poco realista de nuestros compatriotas, tiene gran parte de responsabilidad para despertar la desconfianza de los árabes. ¡No puedo experimentar la menor simpatía por una piedad sionista mal interpretada que hace de un trozo del muro de Herodes una reliquia nacional y a causa de ella, desafía a los habitantes de todo un país! Juzgue usted si con un punto de vista tan crítico como el mío, soy la persona que se necesita para jugar el rol de consolador de un pueblo embarcado en una esperanza injustificada.
Freud Vienne, 19 Berggasse, 26 février 1930
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