
O yo también soy adúltera, abortista o madre de cachete...
Cómo nos tenemos que ver las mujeres: somos las que dedicamos una parte importantísima de nuestra vida a educar a nuestros hijos e hijas, renunciando durante un tiempo a nuestras propias expectativas profesionales. Tarea ingrata muchas veces, por lo que se nos lleva de nuestra propia vida y, por desgracia, porque, muchas veces, los hij@s, no sabemos cómo, se nos escurren de la mano a nivel
comportamental, ideológico y normativo. Supongo que siempre habrá la excepción que confirme la regla, o yo estoy hablando de la excepción y la mayoría de
papás nunca le han pegado una cachetada o zurra a sus vástagos. Supongo que la ley no tendrá carácter retroactivo, ¿o sí?
Como madre, la experiencia me queda lejana; mis dos hijos viven independientes, con pareja, es decir, son adultos. Han terminado estudios superiores, trabajan en lo que han estudiado, están más o menos "felices". Sin embargo, tengo presentes momentos tensos, de pataletas incontroladas, y que un cachete o zurra hacía desaparecer por arte de magia toda la rabia desatada. De la adolescencia, no quiero ni hablar, por los enfrentamientos, por el abismo generacional que pensábamos no existiría, y que parecía insalvable. En fin, todos los padres y madres sabemos los sudores y angustias que hemos pasado. Por eso, ahora hay cosas que se me escapan, que no entiendo.
Curiosamente, hoy en día, en más de una ocasión he visto niñ@s en lugares públicos con un comportamiento insoportable,
maleducados y un sinfín más de adjetivos, y
la mamá y el papá miran hacia otro lado, por lo desesperados y su incapacidad para controlarlos/las.
No nos llevemos a error, no estoy diciendo que estén necesitando un cachete, ni mucho menos; sin embargo, algo está pasando y algunos pamás se ven desbordados por los que apenas son unos mocos@s, los tienen totalmente dominados y controlados, a veces desesperad@s. Algo está pasando y sería bueno profundizar en la incapacidad de muchas pamas para controlar a sus niñ@s.
Recuerdo a una amiga que no pegaba, sacaba la zapatilla; ahora estaría condenada a más de doscientos años y seguro que cumpliría los treinta preceptivos sin ningún tipo de rebaja por buena conducta.
¿Donde el espíritu de las leyes?