Nada que hacer cuando no se puede elegir si se quiere ser creyente o no. Nada que hacer cuando la religión es la que dirige la vida de las personas. En la Edad Media y siguientes, la hoguera, la tortura y la muerte.
Iglesia y poder de una minoría: un cóctel molotov de fundamentalismos y terrorismos represores... la libertad no existe. Solo la amenaza de muerte.
En el XXI, lo mismo.
Los tiempos cambian, pero no tanto; a las mentalidades se las retiene con cadenas o ¿se dejan por gusto?