Jugando con la historia, triste historia.
Vuela, pero segura.
El pensamiento de la experiencia, es decir, el partir de sí, se convierte en práctica política capaz de transformar el mundo, cuando un hombre o una mujer así lo quieren. Desde el partir de sí, sin mentiras, hipocresía, maldades ni violencia y actuando en todos los campos de la vida, es como entiendo mi ser mujer. A pesar de nuestras, mis, "mochilas" personales.
Muy interesante respecto a otro tipo de música más violenta y machista, aunque no siempre.
La letra de Nha Preta me hace pensar; el videoclip también.
¿O soy prejuiciosa?
Cuando ves fotos de grupos, sobre todo jóvenes, en manifestaciones por tantos lugares, cargados de tanta violencia, te preguntas: ¿cómo puede suceder? Y te viene a la cabeza aquel libro que tanto te costó entender, El orden simbólico de la madre, de Luisa Muraro, que, desde una perspectiva filosófica, publicó tras mucho esfuerzo por dignificar la figura de la madre frente al dominio patriarcal de hij@s; y que no acabó de ser bien recibido.
Porque la realidad traiciona.
La madre, al final, después de toda su dedicación y esfuerzo inmenso por crear y recrear vida, esta vida, demasiadas veces es atrapada por las garras del sistema, siempre al servicio del dominio patriarcal si se cree el cuento. Hay que amar a tus hij@s , amor de madre; da igual si son narcotraficantes, asesinos a sueldo, violadores y una interminable lista.
Una realidad que la convierte en vasalla del mismo, y te paraliza.
Procrear mano de obra barata o mentes dirigentes siempre en beneficio del capitalismo patriarcal salvaje o el neoliberalismo opresor es lo que al poder, al menos las de mano de obra barata e hijas sin objetivos propios, solo casarse, es lo que no le interesa que vean y se le dora la píldora con un ideal de maternidad, muy reforzado últimamente entre las mamás.
Nada que hacer cuando no se puede elegir si se quiere ser creyente o no. Nada que hacer cuando la religión es la que dirige la vida de las personas. En la Edad Media y siguientes, la hoguera, la tortura y la muerte.
Iglesia y poder de una minoría: un cóctel molotov de fundamentalismos y terrorismos represores... la libertad no existe. Solo la amenaza de muerte.
En el XXI, lo mismo.
Los tiempos cambian, pero no tanto; a las mentalidades se las retiene con cadenas o ¿se dejan por gusto?
¿Era un "maltratador psicológico" o un machista violento?
Y las mujeres, ¿qué podemos decir de las mujeres?
Penosas, penoso.
Y en este caso, curioso. Es evidente que, del pintor, lo que nos queda es la obra y que esta no se puede mirar con ojos inquisidores pensando que después de cada cuadro "podría haber" inspiración por maltrato. Exagero, claro.
Su familia lo sabrá mejor que nadie y más los nietos y nietas.
Pero ante la violencia machista de una sociedad patriarcal que durante tantos siglos ha estado negando el pan y el agua a las mujeres, y aún lo hace, no se debería ni banalizar ni frivolizar y no digo que la artista lo haga.
Millones de vidas perdidas.
¿A los poderosos, a la industria de la guerra, a los visionarios con poder, les importa?
Cierto, ningún país puede pretender liberar a la ciudadanía de otro país del yugo de sus gobernantes a los que han "elegido", religiosamente y "democráticamente".
Napoleón quiso llevar el liberalismo político a España y los españoles prefirieron al peor Borbón, dicen los expertos, de la historia.
Es la misma ciudadanía la que debe hacerlo, pero, cuando la represión es brutal contra esta, duele la impotencia.
Y sobre todo cuando estos países que quieren "liberar" tienen relaciones comerciales muy "estrechas" con el gobierno represor.
Todo raro, muy raro.
Triste y iscurantista. Habría que analizar bien cómo se invierten los presupuestos generales de un estado.