Cuando ves fotos de grupos, sobre todo jóvenes, en manifestaciones por tantos lugares, cargados de tanta violencia, te preguntas: ¿cómo puede suceder? Y te viene a la cabeza aquel libro que tanto te costó entender, El orden simbólico de la madre, de Luisa Muraro, que, desde una perspectiva filosófica, publicó tras mucho esfuerzo por dignificar la figura de la madre frente al dominio patriarcal de hij@s; y que no acabó de ser bien recibido.
Porque la realidad traiciona.
La madre, al final, después de toda su dedicación y esfuerzo inmenso por crear y recrear vida, esta vida, demasiadas veces es atrapada por las garras del sistema, siempre al servicio del dominio patriarcal si se cree el cuento. Hay que amar a tus hij@s , amor de madre; da igual si son narcotraficantes, asesinos a sueldo, violadores y una interminable lista.
Una realidad que la convierte en vasalla del mismo, y te paraliza.
Procrear mano de obra barata o mentes dirigentes siempre en beneficio del capitalismo patriarcal salvaje o el neoliberalismo opresor es lo que al poder, al menos las de mano de obra barata e hijas sin objetivos propios, solo casarse, es lo que no le interesa que vean y se le dora la píldora con un ideal de maternidad, muy reforzado últimamente entre las mamás.