Venezuela, lo siento, por la gente trabajadora y honesta, que pena.
Pero las grandes compañías del sector se han resistido hasta ahora, ante los riesgos que perciben en un país gobernado por una presidenta no elegida en las urnas y cuya industria requiere de una inversión gigantesca para recuperar los niveles de producción perdidos. Algo que precipitó la decisión de Trump de convertir al Gobierno estadounidense en el inversor en este insólito trato, en el que una oficina del Pentágono, la Oficina de Capital Estratégico, será la entidad encargada de la gestión.