Cierto, ningún país puede pretender liberar a la ciudadanía de otro país, del yugo de sus gobernantes a los que han "elegido", religiosamente y "democráticamente".
Napoleón quiso llevar el liberalismo político a España y los españoles prefirieron al peor Borbón, dicen los expertos, de la historia.
Es la misma ciudadanía la que debe hacerlo, pero, cuando la represión es brutal contra esta, duele la impotencia.
Y sobre todo cuando estos países que quieren "liberar" tienen relaciones comerciales muy "estrechas" con el gobierno represor.
Todo raro, muy raro.