Interesante, te hace pensar sobre la hipocresía generalizada.
Pero que la Iglesia siempre ha estado contra la guerra es mentira. Véanse las Cruzadas. Y ningún país para probarlo como España, fruto heroico de la Reconquista. Si no viniera a respaldar la política sanchista sobre inmigración a Canarias, y a ocultar la carta de los obispos españoles apoyando al bando nacional y la declaración de Cruzada, el primer destino de León XIV debería haber sido Santiago de Compostela, milenario lugar de peregrinación de la cristiandad, hoy en estado de abandono o en grave peligro en todas partes. Y un rosario en el Valle tampoco habría estado mal. Pero si los obispos se avergüenzan de los mártires de la fe en 1936, ¿qué cabe esperar? «De Roma viene lo que a Roma va». Y aquí la cruz va de cráneo.
La iglesia indígena declaró cruzada un golpe de Estado contra un gobierno legítimo; cierto, la iglesia siempre ha estado donde nunca debería estar, con los poderosos. Que se lo digan a los cátaros y a las mujeres, millones, que murieron bajo tortura y fuego. De la Inquisición que hubo en toda Europa, y allende en la mesura que huían de ellos mismos o se trasladaban para evangelizar. ¿Hay coherencia cristiana en todo ello? Para qué hablar.
Bondad infinita en nombre de dios.
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