Malas por lo mal que se hizo todo en el barco.
A un muerto por causas naturales, nadie le da importancia.
Todo hubiese tenido que transcurrir en el barco en Cabo Verde. Ya se sabía lo que estaba pasando.
Le hemos hecho el trabajo sucio a los bonitos del norte.
La ayuda se envió por aire desde la base británica de la isla Ascensión, a más de 3.200 km al norte, porque Tristán de Acuña no tiene aeropuerto y solo puede alcanzarse tras varios días de navegación. Gracias a este extremo aislamiento, el territorio habitado más remoto del planeta logró sortear la pandemia de coronavirus de 2020; esta vez, sin embargo, su barrera natural podría haberse roto accidentalmente por el regreso de uno de sus vecinos.
A las pocas horas de atracar, 110 pasajeros bajaron a tierra firme y pasaron el día interaccionado con los “tristones”, que es como se llama a los 221 habitantes de la isla. “Había un ambiente animado en el pueblo, con los huéspedes participando en paseos guiados, explorando a su propio ritmo, visitando el museo y disfrutando de todos los espacios abiertos”, relató la jefa de Turismo, Kelly Green. “El pub, como siempre, fue uno de los lugares favoritos, lleno de risas e historias compartidas de sus viajes”.
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